¿Vouchers educativos para Colombia?

(Imagen tomada de Semana https://goo.gl/TZuSVE)

 

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El paro de maestros podría estar evidenciando que al magisterio le importa muy poco la educación de sus estudiantes. Si así fuera, buscarían que sus manifestaciones, críticas y señalamientos afecten en lo más mínimo la educación de aquellos por los que dicen trabajar. Pero, al contrario, aceptando lo mal que ya está la educación del país, no les importa empeorarla al dejarlos sin clases por un mes, acrecentando la brecha educativa entre los colegios públicos y privados.

 

Se tiene la suposición de que los hijos de padres de escasos recursos no podrían acceder a una educación si el Estado no la llega a proveer, condenándolos a una vida de pobreza. De ahí que se diga lo necesario que es el Estado para proveer educación que, de otro modo, sería inaccesible para las familias más pobres. Sin embargo, lo que hace falta preguntarse es: ¿Acaso la educación que el Estado provee no está condenando, desde ya, a los estudiantes más pobres a seguir viviendo en la pobreza?

 

James Tooley y Pauline Dixon, sostienen que lo que hace el Estado en temas educativos es peor para los más pobres que si tomaran la decisión de no involucrarse para nada. La razón la encontraron en distintos países subdesarrollados de África y Asia.

 

Estos dos expertos educadores descubrieron que la oferta privada en educación en las zonas más pobres, de las ciudades más pobres, de los países más pobres de África y Asia, no disminuía. Esperaban que entre más se internaran en los barrios más pobres, se toparían con más colegios sostenidos por el Estado y con menos privados, pero la oferta de estos últimos no disminuía. Los padres, aún en las peores condiciones de pobreza, preferían pagar por una educación privada con ánimo de lucro, que optar por la educación ‘gratuita’ que les ofrecía el Estado.

 

¿Cuál es la razón que, a pesar de existir oferta de educación pública, los padres prefieren mandar a sus hijos a colegios que deben pagar con su dinero? ¿Cómo puede competir la oferta de educación privada, frente a la educación pública ‘gratis’ proveída por el Estado?

 

La razón es la calidad. Los colegios privados de bajo costo –como ellos los denominaron- reportaban una mayor calidad educativa que la misma competencia estatal.

 

 

Se demostró que estas escuelas de bajo costo, que en su mayoría operan en la clandestinidad al no ser reconocidas por el Estado, son más deseadas por los padres porque reportan mayor calidad en sus resultados; un menor cociente de alumnos respecto al profesor (que en algunos casos llega a ser el doble que en la educación pública), mayor actividad educativa y, en muchos casos, mejores instalaciones y equipos (pizarras, electricidad, agua potable, sanitarios).

 

Pero estos resultados no se dan por casualidad, sino por los incentivos que operan en una lógica comercial y que no puede darse en un servicio proveído ‘gratuitamente’ por el Estado. Los padres al realizar un pago, así sea muy pequeño, pueden exigir sobre el tipo de educación que ese colegio le está dando a sus hijos y si no les gusta, bien pueden ir a otro colegio que esté ansioso por recibir su dinero comprometiéndose a dar un mejor servicio. En una palabra: competencia.

 




La pelea sobre si la educación es o no un derecho está caduca. Puede serlo, puede ser un derecho inalienable. Pero la verdadera cuestión es que el Estado no está garantizándolo, porque para aplicarlo está utilizando un sistema ineficiente que no aprovecha los incentivos de mercado que ayudan a que el servicio mejore. Debemos aplicar, entonces, un sistema que de verdad garantice la educación de calidad para todas las personas.

 

No estamos proponiendo acá, sencillamente, que el Estado se retire de la educación y que los más pobres vean a ver qué colegio pueden conseguir para sus hijos. El Estado debe asumir que su sistema ha fracasado y que es posible conocer otros que pueden mejorar el presente.

 

Con el caso mencionado, sabemos que es necesario aprovechar al mercado para mejorar el sistema educativo público colombiano que también sufre de mala calidad. Esto puede realizarse mediante el fortalecimiento de la demanda de la educación bajo el sistema de vouchers escolares.

 

Este sistema permite que los padres y los estudiantes tengan una forma monetaria de exigir una mejor educación, lo cual implica una injerencia estatal mínima. El sistema consiste en que el Estado financia el servicio de educación, pero se aleja del proceso de producción: se financia la demanda de educación de las familias de escasos recursos, mediante bonos que solo pueden ser redimidos en el mercado educativo.

 

Los colegios entonces deben competir por ofrecer un buen servicio a los padres financiados, quienes pueden elegir el colegio que consideren mejor para los intereses y aptitudes de sus hijos. Si el colegio no llena sus expectativas o aparece uno mejor, el padre sencillamente puede dirigir el bono escolar a una mejor opción educativa.

 

Uno de los casos más cercanos a Colombia sería el sistema de vouchers que Chile ha implementado desde 1982. Según la última prueba PISA, realizada en 2016, este país tiene el mejor rendimiento de Latinoamérica y ha estado a la cabeza de esta zona geográfica desde que se empezaron a realizar las pruebas.

 

Sin embargo, este sistema chileno tiene algunos problemas de los cuales deberíamos aprender si queremos implementarlo. Por ejemplo, el Estado chileno ha creado ciertas reglas administrativas y curriculares que deben cumplir los colegios privados, en otras palabras, se limita la competencia educativa al homogenizar gradualmente su oferta. Es necesario que, si se quiere conseguir una verdadera competencia educativa, el Estado solo se dedique a fortalecer la demanda de educación subsidiando a los padres, y no a decidir cuál es la mejor educación que esperan de los colegios, esto último es una decisión que solo les debe concernir a los padres y a sus hijos.

 

Finalmente, si los padres pueden aprender algo de este paro de profesores, es que lo mejor que pueden hacer para el futuro de sus hijos es buscar el mejor colegio privado para ellos y abogar por un sistema de vouchers educativos.




Autor entrada: Mateo Amaya

Mateo Amaya
Mateo Amaya es Politólogo e Internacionalista de la Universidad del Rosario. Libertario. Actual Gerente de la campaña presidencial de Juan Sebastián de Zubiría. Sus temas de interés son la economía, la política y la filosofía.