El gremio taxista y Uber

(Imagen tomada de Dinero https://goo.gl/mQ4cId)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

Me costó entender y, finalmente, aceptar la dinámica de Uber. Esta aplicación terminó reflejando la problemática silenciosa que han sufrido los taxistas por décadas.

 

Hace un par de años, cuando la plataforma Uber hizo su aparición en el país, tanto mi familia como yo la rechazamos tajantemente. No solo porque gran parte de los ingresos de nuestra familia los percibíamos manejando taxi -y eso significaba perder trabajo- sino, también, porque era abiertamente desigual con las exigencias que realizaba –y realiza- el Ministerio de Transporte para prestar este servicio.

 

Con el paso del tiempo, al menos en Bogotá, esta discusión se polarizó. Por suerte, mi padre tuvo la oportunidad de cambiar de oficio y el tema quedó un poco de lado. Aun así, actualmente, las amistades que continuamos guardando en el gremio nos vuelven a hacer reflexionar frente al tema, y la verdad, aunque guardamos pequeñas diferencias, terminamos por aceptar que Uber ofrece muchas mejoras que los usuarios siempre le han pedido al gremio taxista.

 

Para empezar, hay que caracterizar al gremio taxista, pues tiene diferencias profundas. Los que son únicamente conductores, deben pagar una parte del mantenimiento del taxi, un producido -que es como un arrendamiento diario del vehículo por parte del dueño- y algunos trámites anuales frente al Ministerio de Transporte. Unos son propietarios y le dan uso al taxi y otros son simplemente rentistas, dueños de los vehículos que viven del producido que les llega. Estas diferenciaciones son muy fuertes en la práctica, ya que han sufrido transformaciones con el paso del tiempo.

 

El primer grupo ha cambiado de gran forma debido a la llegada de plataformas como Tappsi o Taxis Libres, que han dejado sin oportunidades a personas mayores que no se han adaptado a ellas. Por otra parte, la calidad de los conductores ha bajado, ya que al subir el producido a tasas insostenibles –alrededor $100.000 diarios– hace que ingresen personas al gremio que no les interesa la calidad del servicio, sino solamente su aspecto económico. A este primer grupo se le suma el segundo, los cuales, exceptuando el pago del producido, deben cancelar mensualmente aportes de seguridad social. Por último, quienes viven de la renta se han dado cuenta que, a pesar de estar en la ilegalidad, Uber y Cabify ofrecen mayor rentabilidad; así que muchos rentistas, simplemente, han cambiado de vehículos.

 




Analizando el costo -mantenimiento del auto, producidos, aportes de seguridad social-, la mafia de los cupos -el precio de tener el permiso para manejar un taxi que ronda por encima de los $100 millones-, las agremiaciones de taxi que no han hecho absolutamente nada, una representación -con Hugo Ospina- que no acoge a los conductores sino a los dueños rentistas y un servicio más que discutido, nos vamos a dar cuenta que el negocio de taxi no es un negocio. No existe una tasa fija mensual asegurada para poder pagar todo lo anterior, sumado a los trámites burocráticos de vigilancia y control que poco han servido para mejorar el servicio. En pocas palabras, es asfixiante, sin embargo, la tasa sigue creciendo por física necesidad de un sustento de los conductores para llevar a casa.

 

Por eso, cuando hay paros y manifestaciones, hay conflictos internos que llegan hasta la agresión. No todos son rentistas y apoyan a Hugo Ospina; nadie va a defender a un taxista para pagarle el producido, la mensualidad de la aplicación y los aportes a seguridad social.

 

Y en esas aparece Uber. Un tercero que parece innovador y, en el caso de Bogotá, promete un intangible frente a los taxis: mejorar el servicio. La simpleza de la plataforma se volvió la opción preferida de los ciudadanos. Así, le quitó un buen porcentaje al gremio taxista y empezó la polarización.

 

Lo que ha querido mostrar el Ministerio de Transporte es que la culpa es de Uber por no acogerse al reglamento y de los taxistas por no mejorar el servicio. Lejos estoy de considerar a Uber apropiado, pues una renta de 25% por cada servicio, en el futuro, será un abuso y, desde un punto de vista personal, considero como solución un porcentaje más bajo dado a Uber por manejar una plataforma que cree el MinTransporte que controle, no solo el servicio de taxi, sino los servicios municipales y de bus. Esto arreglaría mucho las cosas -quizá lo trate en otra columna- Por ahora, la precisión que quiero señalar es que, paradójicamente, quién quitó el trabajo a los taxistas le ha abierto la puerta frente a la sociedad para exponer las falencias estructurales del sistema.




Autor entrada: Ricardo Ruiz

Ricardo Ruiz
Ricardo Ruiz es estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia. ExRepresentante Estudiantil de la Facultad de Derecho. Coordinador del grupo de investigación OECD Research.