El impuesto de guerra en tiempos de paz: Jóvenes en Colombia

(Imagen tomada de El Espectador https://goo.gl/eAQmXF)

 

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Hace algunos años, cuando el presidente Santos hacia oficial el inicio de las negociaciones de paz con la guerrilla de las Farc, una cuestión paralela se empezaba a suscitar entre algunos de los nacionales: ¿Si estamos en paz ya no será obligatorio prestar el servicio militar? ¿seguirá siendo necesario expedir la libreta? Estas preguntas resultaban pertinentes si se tiene en cuenta que, en Colombia, el servicio militar obligatorio se promulgó de forma definitiva en la Constitución de 1886, es decir, hace más de ciento treinta años; dentro de un escenario constante de guerras civiles subsecuentes.

 

De esta forma, era de esperarse que detrás de la promesa de paz que Juan Manuel Santos le hacía al país, hubiera también una voluntad por dejar de reclutar reservistas en contra de su plena voluntad. En este sentido, desde 2012 se han venido implementando ciertas medidas con respecto a este tema; por ejemplo, se eliminó la necesidad de haber obtenido la libreta militar como requisito para graduarse de la educación superior o para conseguir trabajo.

 

No obstante, el servicio militar sigue manteniendo el carácter obligatorio. Esto implica que a menos que la persona demuestre que le es aplicable alguna de las excepciones permitidas por el ejército (como ser hijo único, estar estudiando, tener alguna discapacidad, etc.) deberá prestar el servicio militar por un tiempo mínimo de doce meses. Y aun cuando se haya demostrado ser ‘Beneficiario’ de alguna de las excepciones mencionadas, la persona deberá pagar una cuota de compensación militar equivalente al 60% de los ingresos mensuales, más el 1% del patrimonio líquido del núcleo familiar, más el 15% del salario mínimo legal vigente, lo que conlleva un golpe bastante fuerte en los bolsillos de las familias de clase media.

 

En este sentido, las familias tendrían que pagar una cifra bastante elevada respecto a sus ingresos, únicamente, por darle a cada hijo varón un papel que actualmente no tiene ningún uso práctico, pero eso sí, que si no se paga conlleva multas de hasta dos salarios mínimos por cada año. Así, la cuota de compensación militar se constituye como una especie de impuesto de guerra en un país que, en teoría, actualmente, se encuentra en paz.

 

 

A pesar de esto, la situación no parece mostrar síntomas de mejoría, puesto que las fuerzas armadas, al igual que todas las entidades públicas o estatales, mantienen el deseo constante por aumentar, año a año, sus ingresos presupuestales a costa de los ciudadanos. Asimismo, se aprovechan del poder que se les ha otorgado para obligar a las personas a pagar su cuota de compensación militar bajo la amenaza de aumentar su costo por concepto de multas.  Y es que aun cuando la defensa se lleva una gran parte del presupuesto nacional de nuestro país (para 2017 la cifra destinada a defensa ascendió a los $28,6 billones), parece que esta cantidad no les alcanza y argumentan que la cuota de compensación militar sirve para pagar los gastos de funcionamiento administrativo y burocrático de las entidades que se desprenden del Ministerio de Defensa.

 

Adicionalmente, aun cuando el ejecutivo o el legislativo tuviera la intención de quitarle definitivamente la condición de obligatoriedad al servicio militar y a esta clase de cuotas, las fuerzas militares se han consolidado como un gran poder que no permitiría, bajo ningún concepto, que se le quite la oportunidad de obtener más recursos. De otra forma, un organismo con amplio dominio del poder coercitivo no dará opción a que se le quite parte de este poder a partir de una disminución en su poder económico.

 

De esta forma, esta cuota de compensación militar, de la que hemos estado hablando, se ha consolidado como otro modo de financiar el gasto público a partir del dinero de los contribuyentes, afectando, principalmente, a las clases medias. Es decir, se ha convertido en un impuesto más que se obliga a pagar de la misma forma que todos los demás: bajo la amenaza de contraer una deuda con el Estado que cada cierto periodo se va haciendo más y más grande.

Autor entrada: Jhon Jairo Vargas

Jhon Jairo Vargas
Jhon Jairo Vargas es estudiante de Ciencia Política y Gobierno en la Universidad del Rosario y fue columnista de la Revista CiudadBlanca.