El valor de disentir: Colombia

(Imagen tomada de JaverianaEstéreo https://goo.gl/X4uvbm)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

El estar en desacuerdo o ir en contra de la corriente, ya sea para emitir una opinión política o para pedir cerveza en vez de Cocacola Light en el almuerzo con tus compañeros del trabajo, a los ojos de la mayoría, se ve mal. ¿Cómo tendríamos nosotros el descaro y la desfachatez de decir que esta hermosa sociedad rola está podrida hasta los huesos? O, ¿cómo nos atreveríamos a aseverar que, quizá, la democracia es una herramienta que no nos lleva como país al lugar donde todos queremos ir? Puedo no hablar por muchos, pero hablo –al menos en mi caso- de una verdadera prosperidad y una verdadera paz, paz en donde no tengamos que sufrir lo mismo que ha pasado en Colombia durante las décadas pasadas y que, seguramente, seguiremos sufriendo en las próximas.

 

Hoy en vez de alzar nuestra voz, organizarnos y actuar en contra de lo que pensamos y sabemos que está mal, o solamente en pro de lo que pensamos y sabemos que está bien, preferimos dejar a la mayoría hablar por nosotros, y por “la mayoría” no me refiero al 50% +1 de la cantidad de la población, ni siquiera de la cantidad de votantes en el sistema electoral, estoy hablando de las opiniones emitidas por la mayoría de medios de comunicación, capturados por los mismos grupos políticos y económicos que hoy -dígase de paso- también tienen capturado al estado colombiano.

 

¿Qué sería de esta sociedad cachaca, impoluta, dueña de todas las virtudes y maquina arrolladora de la verdad y las buenas costumbres, si tuviésemos tan poquísima madre, la mala leche de exigir un poco más de nosotros mismos y decir las cosas tal cual las percibimos?

 

Para mí, hoy por hoy, la ley de este país no es más que una serie de groserías, micos y loopholes creados por hordas de criminales políticos y  otros que ni a eso llegan, para salvarse a ellos mismos de sus cochinadas y poderse servir con la cuchara grande de la inocencia y credulidad del contribuyente.

 

 

No hay una sola parte del gobierno que se salve. Si actuáramos bajo el entendimiento de que todos los días, mediante el glorioso sistema tributario, sustraen de nuestra economía, de nuestro sudor y tiempo, para financiar todos sus programas “sociales”, ministerios, embajadas, comisiones de “alto nivel”, balazos, camisetas, pines y cachuchas impresas con sus caras (editadas en Photoshop), todo sería diferente.

 

¿En que medios de comunicación salen las ideas de un adolescente genio que no puede estudiar su bachillerato? ¿En qué canal podemos ver la ira de una madre cabeza de familia que apenas gana el salario mínimo? ¿En qué spot de radio aparecen las voces de los campesinos sacados de sus parcelas por un grupo armado? ¿Cuál es la cuenta de Instagram donde se ve cómo el gobierno nos quita sistemáticamente el valor de nuestro trabajo?

 

Para terminar, espero que mi critica haya sido lo suficientemente ácida para abrir los ojos de quien -sin importar su color político- este indignado, y que las razones sean suficientes para contribuir a uno que otro comentario percibido como desatinado, grosero e incivil -de los que no aparecen en El Tiempo o en RCN- basado en puro y legítimo encabronamiento generalizado, y si no se percibió así, esperen mi siguiente columna.

 

Me despido con una cita de Ayn Rand: “¿Cuál es la experiencia más horrible que pueda imaginar? Para mí es dejarme inerme en una celda sellada, con algún raro animal de rapiña o con un maniático que ha tenido alguna enfermedad que le haya comido el cerebro. No tendría mas que la voz; la voz y el pensamiento. Usted le gritaría a esa criatura explicándole por qué no lo debería tocar, y tendría las palabras mas elocuentes, las irrebatibles, y se habría convertido en el recipiente de la pura verdad. Y vería ojos vivos vigilándolo, sabría que la cosa no le puede oír, que no puede ser alcanzada, no puede ser alcanzada de ninguna manera, pero respira y está en movimiento, allí delante de usted, con un propósito. Eso es horror”.

Autor entrada: David Escobar Vallejo

David Escobar Vallejo
David Escobar es bogotano de nacimiento pero radicado en Ciudad de México. Mercadólogo del Tecnológico de Monterrey. Minarquista, defensor del libre mercado y de la creación de nuevas empresas.