Elecciones y renuncias: El conocimiento

(Imagen tomada de sonria.com)

 

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Decía Italo Calvino, aquel genial italiano que amaba tanto la exactitud que practicaba la virtud de hablar muy poco, que cada elección tenía su anverso, es decir una renuncia, por lo que no hay diferencia entre el acto de elegir y el acto de renunciar. Todo lo que abarca la palabra educación no ha sido otra cosa que un acto de elegir el material con que enseñamos. Por ese camino del aprendizaje van las filosofías, los artistas, los libros escogidos y a quienes tachamos de nobles o tiranos. Pero la pregunta que surge es, ¿a quiénes o a qué hemos renunciado cuando vamos construyendo el bagaje de nuestro conocimiento?

 

Hay muchos, que sin querer, les dijimos no. Existen grandes pensadores que apenas  hemos leído en un  pie de página o, con algo de suerte, en algún párrafo de antologías tardías. Muchos dirán que esto es inevitable y otros, me incluyo, preferimos apostar por los rechazados. Esos que no tuvieron la suerte de ser elegidos por el azaroso gusto de los hombres para entrar en la corriente dominante.

 

Michael Onfray, filósofo francés que tiene el decente hábito de  ser criticado tanto por la  izquierda, como por la derecha, se puso en la tarea de sacar de los sótanos de la historia a todos aquellos olvidados. En su extraordinaria trilogía de Contrahistoria de la filosofía, Onfray sale en busca de continentes perdidos para contarnos  las anécdotas de los cínicos que culpaban a la civilización de la infelicidad humana o del sexo público practicado por la filósofa Hiperquía y su esposo Crates, representantes de esta escuela, para que no olvidáramos nuestros orígenes animales.

 

 

En su obra, Onfray recupera a Demócrito, un sabio adinerado  y risueño que Platón aborrecía tanto que mandó a quemar su obra: no lo consiguió en vida, pero el idealismo cristiano siglos después sí logró su objetivo.  Por las páginas de la  Contrahistoria de la filosofía, pasan Epicuro (escritor prolijo de casi 300 obras multitemáticas, casi  todas desaparecidas),  los Gnósticos con su particular interpretación de la biblia para promover la libertad sexual en las épocas de Simón el mago, y esos  hedonistas tardíos de la secta del Espíritu libre de Eloi de Pruystinck que debatían con Lutero, no sobre la compra de indulgencias, sino sobre la mejor manera de redimir nuestros remordimientos.

 

Sin lugar a dudas, un gran trabajo de arqueología del conocimiento, hecho por este intelectual francés fundador de la Universidad Popular de Caen. En mi opinión, estos libros son como un trirreme de guerra griego dispuesto a chocar contra el casco del barco del pensamiento dominante en occidente, que suele ser en resumen idealista, cristiano y alemán.

 

Si abrimos el espectro y buscamos en la historia, hay  muchos olvidados que bien valen la pena ser rescatados. Tengo un gusto particular por Joseph-Francois Dupleix, aquél generoso francés que le dio un imperio a su nación y de recompensa ésta le pagó con ingratitud y olvido. Hay otros con mejor suerte, que en los últimos años fueron traídos a la luz pública: por ejemplo, Ibn Battuta, viajero musulmán del siglo 14, más grande que Marco Polo, que fue olvidado hasta por sus paisanos, hasta cuando fue redescubierto por los arabistas en el siglo XIX.  O los economistas de la Escuela de Salamanca del siglo 16, rescatados por Joseph Schumpeter en los años 50,  quienes fueron pioneros en la investigación de los problemas económicos de la era moderna, mucho antes que Smith y Ricardo. Así podría continuar una larga lista de aquellos que fueron en algún momento no aptos para ser enseñados.

 

Aprovecho estas páginas para abrir un debate e invitar a escribir  una obra colectiva que se llame “Breve historia colombiana de renuncias”. Donde se recuperen todas las ideas, nombres y proyectos a los cuales decidimos renunciar. Comenzando, con los inicios de nuestra vida republicana, cuando sacrificamos una  gran nación por crear cuatro republiquetas; o el amargo momento en que  despreciamos nuestra herencia hispana por apostar a las leyendas negras que signaron nuestra suerte. Una historia contraria a la que hemos elegido contar y donde, como titulaba el maestro Álvaro Uribe Rueda, lleguemos a ver La otra cara de luna.

Autor entrada: Andrés Ossa

Andrés Ossa
Andrés Ossa ha tenido un vínculo muy cercano con la industria de los libros desde su niñez, es el actual gerente de negocios digitales de Grupo Planeta para el área Andina y fue director de marketing por más de 8 años de Grupo Planeta Colombia. Ha cursado estudios de sociología, comunicación, marketing, gamification y gerencia. Se ha destacado por desarrollar proyectos en transmedia, e innovar, al buscar valores agregados en todos los elementos de participación en la producción de historias.