La revocatoria de la revocatoria: Enrique Peñalosa

(Imagen tomada de Semana https://goo.gl/FkFYWa)

 

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Es curioso ver cómo ahora a las élites bogotanas y por extensión, a las élites colombianas, sí les importan las razones por las cuales los votantes acuden a las urnas. Esas mismas élites que celebraban con jolgorio en las elecciones presidenciales de 2014 la brillante intervención de doña Mercedes mechas en donde decía jocosamente que prefería a Juampa sobre Zurriaga o el emotivo discurso de la loca de las naranjas que vociferaba que ojalá ganara Óscar Iván Zuluaga mientras lanzaba, con ira, la fruta al piso. Porque al final, a pesar de lo enemigas que parezcan, las élites terminan unidas, siempre unidas, defendiendo y manteniendo un status quo discriminador, explotador y excluyente de una pirámide social con una cúspide estrecha y plena de privilegios, poder, dinero, medios y tierra. Para ellos resulta folclórico usar la ignorancia y la gracia de esa gentesita del común cuando es funcional a sus intereses y manejan sus estrategias de campaña con slogans vacíos y populistas.

 

Todos sabemos que el voto en Colombia no es cualificado. Además, por ser secreto, nadie está obligado a argumentarlo o a justificarlo. La sustentación del voto es un proceso íntimo y además, todos sabemos que los requisitos no son  mayores. Básicamente solo son dos: Tener nacionalidad colombiana y ser mayor de edad. Hay algunas excepciones para votar como es el caso de las Fuerzas Armadas, que en teoría no son deliberantes y los condenados por crímenes también pierden ese derecho. De resto, el potencial electoral en Colombia abarca ampliamente a la totalidad de la población. Tampoco para nadie es un secreto que la cultura política en Colombia es prácticamente nula y que esto es un caldo de cultivo inmenso para oportunistas de momento y maquinarias electorales que se disfrazan de candidatos y movimientos políticos salvadores ante el caos, mientras tras bambalinas se tejen los acuerdos más repugnantes y torticeros en donde se reparte la burocracia y el presupuesto en todos los niveles, desde el municipio más perdido en el mapa hasta la Casa de Nariño.

 

Ahora, esas élites tiemblan y se contorsionan porque avanza el proceso revocatorio contra Enrique Peñalosa en Bogotá. Ahora sí les preocupa que los comités revocatorios se valgan de mentiras para convocar de nuevo a los ciudadanos a las urnas para deponer al alcalde como lo hicieran ellos mismos en la pasada administración contra Petro, hasta que el Procurador se atravesó como vaca muerta en ese proceso y se inventó una destitutución traída de los cabellos para quedar como el héroe de la historia. Al final lo único que hizo fue salvar a Petro de que lo revocaran y convertirlo en una víctima popular del sistema que, con discursos llenos de nada, como suele hacerlo, colmó la Plaza de Bolívar.

 

Entonces, para demostrar que los comités revocatorios dicen mentiras, a la Fundación Azul Bogotá se le ocurrió la maravillosa idea de inscribir un comité ficticio aludiendo mentiras verdaderas para demostrar lo fácil que es inscribirlo. Qué bueno. Descubrieron el agua tibia. Los programas de gobierno y los candidatos también se inscriben con mentiras. Uribe, por ejemplo, para el 2002 prometió un Congreso unicameral de máximo cien representantes. Obvio, no cumplió. Santos prometió no crear ni subir impuestos. Obvio, no cumplió. Las mentiras son intrínsecas a la política. Digamos que la política es el reino de las mentiras y no solo en Colombia, es la naturaleza misma de la política en cualquier parte del mundo. Además, causa curiosidad por qué la Fundación Azul Bogotá en vez de evidenciar y refutar las mentiras de los comités revocatorios existentes, decidieron inventarse uno para dejar en ridículo a la Registraduría cuando todos sabemos que esta Entidad no es más que una notaría sin criterio de esta decadente democracia. Por supuesto, la Registraduría no se aguantó que la pusieran en ridículo y los denunció por fraude procesal. Ahora, no solo tienen el problema de la revocatoria de su capital político y electoral, sino un lío judicial. Genios.

 

 

Detrás de la defensa de Peñalosa está toda la política tradicional, la de antes y la de ahora, porque a pesar de que existen grupos políticos nuevos, no son más que reencauches de los viejos vicios. Liderando el esfuerzo anti-revocatorio está por supuesto Cambio Radical, que se jugaron todo su capital político en esa campaña a pesar de que Peñalosa inscribió su candidatura por firmas. Carlos Fernando Galán se jugó la ruleta de su propia candidatura con Peñalosa para ser él su sucesor en 2020. Eso está claro. Por eso Andrés Villamizar, su primo, lidera la Fundación Azul Bogotá. Las fichas de casino de la familia están puestas en Peñalosa y por eso se la juegan toda por su permanencia a pesar de que la popularidad del alcalde va en picada. Pero no solo ellos. Miguel Uribe Turbay, su párvulo Secretario de Gobierno, fiel representante de las juventudes viejas y rancias de la política, une al Centro Democrático, en el que milita su padre Miguel Uribe, con su propio partido, el Liberal, legado que le dejó su abuelo, para continuar con el linaje de delfines en el país.

 

Hay que ser demasiado ciego y obtuso para no darse cuenta de que Peñalosa es el títere perfecto de todas las élites que son dueñas del país para que mande en Bogotá. Peñalosa, que posa de outsider independiente, tiene su alcaldía empeñada a Vargas Lleras, a Uribe, a los Galán, a los Turbay, a los Pastrana, a los accionistas del Club del Nogal, del Club de Anapoima y del Jockey Club, de la Universidad de los Andes, del CESA, de la Sergio Arboleda, a Ardila Lulle, a Santodomingo, a Luis Carlos Sarmiento Ángulo y en general a los dueños del país.

 

Es claro que los mandatos de doce años de izquierda en Bogotá destrozaron a la ciudad. Sobre todo el de Samuel Moreno que se infiltró en la izquierda sin tener ideología alguna, el único mérito de ser el nieto de su abuelo y la única intención de saquear a la ciudad. Es claro que Petro fue un populista ineficiente que relegó toda la infraestructura de la ciudad tratando de hacerla más humana en una ciudad de por sí inhumana por falta de infraestructura. Pero también es claro que a Peñalosa le está quedando grande el reto de gobernar y que, por darles gusto a todos sus beneficiarios, los dueños del país, está cayendo en medidas impopulares, retardatarias y contradictorias que lo dejan sin argumentos para defenderse de las firmas que se recogen por millares promoviendo su revocatoria.

 

Este no es un asunto de verdades o mentiras. A las élites nunca les ha importado eso mientras se puedan mantener en el poder. Es una lucha de quienes tienen el poder de siempre como un derecho adquirido, contra quienes quieren tenerlo ahora, porque cuando lo han conseguido lo despilfarran en juergas populacheras y discursos demagógicos. El caso es que la cultura política no se puede forzar a cambiar por la coyuntura actual de los intereses particulares de las élites. Si vamos a hablar de cultura política hagamos un debate profundo y un cambio estructural de los hábitos y las costumbres que se han arraigado durante más de dos siglos de vicios y trampas en cada elección y en cada política pública. Pero no nos inventemos que la angustia es porque ahora los comités revocatorios dicen mentiras.

 

No nos disfracen este proceso revocatorio como la debacle de la democracia cuando la democracia en Colombia no es más que la dictadura perfecta de las mismas familias. Que detrás de esa defensa de Peñalosa no están ni doña mechas ni la loca de las naranjas sino los mismos apellidos que nos han gobernado desde siempre y las mismas familias que son dueñas del país.

 

Es valioso que la revocatoria desnude el desespero de las élites cuando van a perder el poder, tal como se evidenció cuando ellos mismos promovían la revocatoria contra Petro para recuperarlo. Lástima que en Colombia la izquierda sea tan inepta y retardataria, tan llena de egos personales y que solo quieran cambiar a los dueños del país para poner en ese pedestal a sus propios apellidos. Es triste vivir en un país que tiene unas élites anquilosadas y aferradas al poder y una resistencia inepta, débil y sin propuesta. Y la revocatoria de Peñalosa está evidenciando toda nuestra podredumbrepolítica. Por eso creo que debemos dejarnos de inventos de emergencia y dejarla avanzar. Nunca ha habido una revocatoria en el país y esta tiene todo el soporte legal y constitucional necesario para prosperar. Si el Consejo Nacional Electoral se atraviesa, nos quedaremos otra vez sin saber para qué sirven la democracia y los mecanismos de participación ciudadana en el país. Ojalá no cometan ese error histórico como lo hizo el exprocurador. No necesitamos héroes. Necesitamos hechos. Y este proceso sería un gran precedente para comprender qué tan inmaduros estamos en el mar de la política que nos inunda. Para comprender alguna vez por qué votan los que votan en un país en donde pocos votan, muchos no saben ni por qué y todos nos quejamos.

Autor entrada: Andrés Felipe Giraldo López

Andrés Felipe Giraldo López
Andrés Felipe Giraldo López es Politólogo especializado en Periodismo de la Universidad de los Andes, culminando estudios de maestría en Ciencia Política y Sociología de FLACSO en Buenos Aires, Argentina. Mención Especial en los Premios Nacionales de Periodismo Simón Bolívar en la categoría de Mejor Crónica en el año 2010. Escritor. @andrefelgiraldo