¿Qué hacemos con el pesimismo de este país?

(Imagen tomada de Cesar Noticias https://goo.gl/Ck34yH)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

Esta semana estoy más pesimista que Plinio Apuleyo y Jorge Robledo juntos. En Colombia, entre la desigualdad en la tenencia de la tierra, el afán por establecer estratos, el luxury que es la educación y los postulados de quienes representan políticamente a la religión dominante de un país laico -no me tomen por ateo- es que encontramos algunas de las razones por las que somos un país polarizado.

 

El informe que esta semana expidió el Contralor General, Edgardo Maya, el cual ya le ameritó una demanda del Gran colombiano, el ex-jefe de estado más investigado por la sin dientes Comisión de Acusaciones de la Cámara (242 investigaciones, entre disciplinarias y penales), nos cachetea de nuevo con la realidad de extensos procesos de formalización de baldíos que mutan en un paisaje de campesinos sin el mismo combustible que el de sus contendores para acceder a la tierra.

 

La Agencia Nacional de Tierras (antes Incoder y antes Incora) y Notariado y Registro están facilitando que se otorguen más rápido títulos de baldíos y que se puedan generar sospechosas transacciones económicas para adquirir propiedades privadas. Esto perjudica a los que realmente quieren ser compradores legítimos, quienes hoy se confunden fácilmente con acumuladores convertidos en irrespetuosos de la Unidad Agrícola Familiar (UAF) mediante el uso de figuras que promulgan el testaferrato, y con los compradores de buena fe.

 

Estos últimos, cada que han sido señalados en sentencias de Justicia y Paz o en Informes como el de la Contraloría, alegan desconocer que los predios de su interés, y a los que se hicieron en franca lid, pudieran ser ancestrales para una comunidad étnica o fueran el resultado de procesos de despojo. Nunca sospecharon, ya sea porque esas hectáreas se las vendieron casi que regaladas, o porque ninguna organización intachable de nuestro Estado consideró la existencia de vicios en los procesos de adquisición. Esas instituciones, Agencia Nacional de Tierras y Notariado, son las responsables de que en 2017 no tengamos un catastro que permita recoger impuestos de predial, no haya celeridad a pesar de la baja cantidad de sentencias, en la restitución de tierras a desplazados, o de poderle permitir a comunidades que creen en la economía solidaria, el convertirse en la satanizada figura de las Reservas Campesinas.

 

Los efectos de tener estratos es algo que también me deprime por estos días. Los detecto diariamente manifestados en un de qué familia eres en Popayán como saludo, pasando por un alcalde que muy sensatamente, pero con agravante de tono -diría yo que del mismo rango del que utilizan personas cuando dicen negro o marica pero no por cariño- expone que Cajicá y Chía no tienen nada que ver con Soacha, y finalizando en un banco agrario (póngale énfasis) que no le hace créditos a los campesinos, pero sí a Navelena para un contrato salpicado por la corrupción. Entre otras, ya está como frío el tema de Odebrecht.

 

 

Verdad de a puño, si es que todavía existen las verdades, es que los estratos contribuyen a que yo pueda pensar que estoy por encima de usted y merezco estarlo porque de lo contrario se le va ir hondo, pero, ¿cómo? si la impunidad es ley para todos los delitos. No pregunte porque se está exponiendo a una muerte pendeja, dirán algunos. Los familiares de 33 líderes sociales de derechos humanos asesinados este año dan fe de ello. Los otros, al menos lo advertirán antes y recurrirán a la violencia verbal. Frente a un volante o a un teclado de twitter estos le recordarán con quién es que están tratando.

 

Esta semana, las cifras tampoco se salvaron de ser maltratadas. En ellas, la flexibilidad ahora alcanza para asegurar en el marco del día de la excelencia (10 de mayo) que fijo en el 2025 seremos el país más educado del continente. Esta premisa llegó a remplazar la conocida multidimensionalmente no somos pobres. La moda es cíclica y tanto el DANE como el gobierno nacional han traído la de encontrarle la comba al palo.

 

Siguiendo con echarle un vistazo a nuestro rígido sistema educativo, ya sea el de la escuela o el de casa, que no gusta de grises, sino de lo blanco o negro, es que le encuentro sentido a que si, por ejemplo, usted quiere charlar de economía en el parque, primero debe suscribir con los del clan del estamos bien económicamente, puesto que según el Fondo Monetario creceremos al 2,3% este año, o de los que ni a bate les meten los dedos en la boca porque el costo de vida sube y sube, pero el consumo e industria baja y baja como la calidad de las vías nacionales de un país que moja cuco por ser cola de ratón de la OCDE.

 

¡Stop! y si me separo un momento de la frustración con la que per se ya convivimos todos los millenials, para compartir con ustedes una solución sacada del sombrero del mago, con mucho de positivismo y poco de contexto. Se me ocurre que un posible antídoto para que dejemos de estar tan polarizados y cada uno encuentre esperanza en el compartir con el otro, es viajar -los viajes de negocios no cuentan. Viaje lo más que pueda por Colombia, por los sitios que no solo no eran virales, sino que además eran vistos como cagaderos por una lista tan larga de qué, quiénes y problemas propios que ameritarían otro texto.

 

Viajar permite encontrarles sentido inmediato a las cosas, nadie es ni más ni menos que el otro, los desplazamientos a territorios desconocidos permiten identificar fácilmente la multiplicidad de saberes, saberes pragmáticos. Hago un barrido mental rápido y recuerdo cuánto valió la pena llegar a Mapiripán. Allí, donde la selva se junta con la sábana, escuché a un hombre que podía reconocer más de 100 aves por el sonido que emitían y también compartía sin recelo que la grasa de la lapa, podía salvar a una persona si esta era mordida por una serpiente. En Sincé, Sucre, aprendí que compartir el taxi es de lo más grato, económico y eficiente, y en Guacamayal, en la Zona Bananera, sentí que a los abrazos solo les puede competir la alegría de bailar ritmos de verdaderos científicos que hacen con sus manos instrumentos con denominación de origen, la gaita encabezando la lista.

 

Un momento, me volvió a poseer Plinio, piénselo dos veces: mire que entre trabajadores de ONGS y mochileros desgreñados, había por lo menos 30 extranjeros en Mocoa en el momento de una tragedia no vaticinada. Una de dos, o las Farrr puso una bomba o a lo mejor allá vivían pocos cristianos y sí muchos pervertidos que se mueren por acabar el concepto tradicional de la mejor familia posible; su mecanismo: adoptando infantes, el sector poblacional más protegido de nuestro país.

Autor entrada: Juan Pablo Esterilla

Juan Pablo Esterilla
Juan Pablo Esterilla es Periodista-fixer huilense de 25 años. Suscribe al escribir en caliente y publicar en frío. Apasionado por el estudio a diferentes manifestaciones del conflicto y temas relacionados a la promoción de los derechos humanos.