De la Revolución Francesa a la Venezolana

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

Temprano en la mañana del 14 de julio de 1789, el rey Luis XVI de Francia dormía plácidamente cuando, de repente, vino a despertarlo un ujier del Palacio de Versalles. En ese mismo instante, varios miles de ciudadanos armados disparaban fusiles, mosquetes y cañones hacia la odiada prisión de la Bastilla y toda la ciudad de Paris estaba convulsionada. El ujier del palacio informó al Rey del asalto a La Bastilla y entonces Luis XVI le preguntó: “¿es una revuelta?” (c’est une revolte?),  a lo que el mensajero le respondió premonitoriamente: “No, Señor es una revolución” (Non, Sire c’est une révolution).

 

La historia se repite dos veces, una en modo de tragedia y otra en modo de farsa…

 

¡Hambre, muerte y pobreza! parece ser la proclama del gobierno venezolano. Las políticas implementadas por los dirigentes del gobierno tienen como eje fundamental la miseria general. Los políticos, arraigados al poder, han plagado a Venezuela de la desgracia de su incompetencia y corrupción.

 

La función debe continuar

 

Los más devotos seguidores del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que no pudieron dar vuelta a la página, tras la muerte de su supremo líder en el año 2013, y que dieron continuidad al modelo que ha querido implementar, primero el fallecido Ex-Presidente Hugo Chávez y ahora su sucesor Nicolás Maduro, el cual tiene claramente una tendencia populista, que no podemos catalogar del todo socialista, como éstos lo han de llamar, ni tampoco de comunista como lo califica parte de los más radicales y extremistas simpatizantes de la derecha norteamericana, ya que si bien es cierto en cuanto a las políticas en contra de las libertades individuales y a favor de la colectivización, bien tiene el sello socialista, no las políticas económicas que son más bien desarrolladas como Capitalismo de Estado, marcado por una profunda dependencia de la bonanza petrolera, investidos de la más ruin y pusilánime mediocridad e incompetencia.

 

El mal llamado socialismo del siglo XXI ha muerto antes de nacer

 

La construcción del mencionado modelo Chavista ha fracasado estrepitosamente, el pueblo venezolano no puede cubrir sus necesidades básicas plenamente, una vez más los ideales socialistas caen ante una ley que va más allá de cualquier Constitución o gobierno, han caído ante la realidad económica, ante la realidad biológica y ante una realidad social incuestionable;  han ignorado e ignorado con prepotencia, los principios fundamentales que mantienen la economía, impulsando entonces así, a que se produzcan fenómenos sociales y económicos como la criminalidad desacerbada, los traficantes de víveres y la hiper-inflación, estos tres monstruos -que solo son los principales de una larga lista- se han unido para hacerle frente al Estado. Enfrentamiento que llevó inevitablemente al acabose político-social.

 

 

El Poder originario de la constituyente Chavista

 

El 25 de abril de 1999 el aquel entonces recién nombrado Presidente Hugo Rafael Chávez Frías convocó a un referéndum consultivo para aprobar la formación de una Asamblea Constituyente con el objetivo de refundar el Estado estableciendo una nueva Constitución.

 

En dicho referéndum constituyente se plantearon dos preguntas; la primera de ellas, era la pregunta formal al soberano sobre la convocación o no de una Asamblea Constituyente, la segunda trataba sobre las bases bajo las que se regiría dicha propuesta, establecida previamente en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela N° 36.669 de fecha 25 de marzo de 1999. Como la historia así lo relata, el “Sí” ganó apabullantemente con más del 80% de los votos a favor, sin embargo, tal como lo argumenta el General Marcos Pérez Jiménez en su famosa entrevista con Oscar Yanes, un proceso político no tiene respaldo en los principios y fundamentos democráticos si no es aceptado por la mayoría del total de padrón electoral, es decir, que se traicionan los principios democráticos mismos cuando se aprueba políticamente una acción, si bien con una mayoría de los votantes, pero no con la mayoría del total de las personas en capacidad de participar políticamente.

 

 

En aquel entonces, año 1999, se llevaron a cabo tres procesos consultivos o electorales, el primero de ellos como bien se ha dicho fue la consulta popular sobre la invocación de la Asamblea Constituyente y las normas que habían sido establecidas previamente a ésta, en la que únicamente participó el 37,65% del pueblo con capacidad de voto, es decir, que solo el 32,94% estaba de acuerdo con convocar a una Constituyente y solo un 30,68% estaba de acuerdo con hacerlo según las pautas previamente establecidas.

 

De igual manera en las elecciones del 25 de julio del mismo año, donde se elegirían los representantes que conformarían la Asamblea Nacional Constituyente, que primariamente estaría investida de Poder Originario pleno pero de la que después se determinaría que su poder estaría limitado exclusivamente a la redacción de una nueva Constitución, solo participó el 46,2% del electorado; y aunque el Chavismo en aquel entonces contó con un 65,8% de los votos obtuvo el 95% de los representantes, esto debido a que las pautas establecidas favorecerían a la causa socialista en la distribución de los escaños.

 

Para concluir el proceso, luego de pasado los seis meses otorgados a la Asamblea Constituyente para que conformará la nueva Constitución, el 15 de diciembre de 1999, se somete a referéndum popular la propuesta constitucional, y como si fuese una desgarradora pero significativa obra de la providencia, el Estado Vargas sufre una de las mayores desgracias, en la que mueren aproximadamente 30.000 personas como consecuencia de las inundaciones; no obstante, Hugo Chávez hace caso omiso y plagia unas palabras pronunciadas por el Libertador Simón Bolívar diciendo: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca. Esta batalla también la ganaremos por la vida, por la patria, por la revolución”, y así fue, ganaron con el 71,78% de los votos en unas elecciones en la que sólo asistieron el 44,7% de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral, y en la cual fue respaldada por el 30,40% del total del mismo.

 

 

Limitar el poder es la única garantía de libertad

 

La usurpación de los poderes del Estado ha sido una muestra más de los incontables infortunios que han realizado los rojos en su desagradable paso por el poder. Al caer derrotados el 6 de diciembre de 2015 en las urnas, ante su más acérrimo rival, el gobierno chavista acostumbrado a moverse de forma homogénea por el poder estatal, se ve usurpado del poder legislativo, perdiendo pues, la Asamblea Nacional,  por lo que el parlamento ahora quedaba en manos, nuevamente, de aquellos a los cuales ellos habían sido enviados por la providencia y por el pueblo a reemplazar. No obstante, el gobierno presidido por Nicolás Maduro hace la mayor de las coacciones posibles para neutralizar el poder legislativo, y debido a que en un Estado como el venezolano el poder emana de la Fuerza Armada, y no de la Constitución que se ha visto totalmente desprestigiada por aquellos mismos que la constituyeron, dicha coacción surte efecto.

 

Aquel poder que aparenta ante los ojos del público estar dividido, pero que tras la cortina conforma un solo bloque de fuerza, es el más peligroso de todos, ya que ha de oprimir y quedar impune en toda ocasión. Nace así, pues, la necesidad de constituir un Estado nuevo e inexpugnable, estableciendo una nueva división de los poderes.

 

La Constituyente derivada de Maduro

 

Primero, cabe acotar que la Constituyente a la cual hace mención e invoca el actual mandatario Venezolano, nace a partir del mecanismo y proceso establecido en la misma Constitución de 1999; por ende, el poder que se está invocando, es un poder derivado y no originario. Continuando con la premisa, esta Asamblea Constituyente recién invocada por el mandatario, políticamente puede hacer mención a un sinfín de tesis políticas; sin embargo, si se tiene en cuenta el proceder que ha tenido el gobierno socialista venezolano en los últimos veinte años, deja en evidencia que se intentara, de una forma o de otra, establecer normas y reglas que le permitan a ellos salir con un resultado victorioso en las elecciones -al distribuir los escaños no de forma universal, sino por sectores; sectores que estarán dominados por la causa madurista y favorecidos por privilegios gubernamentales focalizados e intensificados desde finales del año pasado-, y teniendo en cuenta, que el madurismo quiere investir este proceso constituyente como poder originario, y no como lo que realmente es, un poder derivado, las atribuciones podrán ser ilimitadas, y podran acabar con el Estado de Derecho, la División de los Poderes y las libertades individuales, todo esto en nombre del pueblo de Venezuela. ¿Sería absurdo hablar de una Dictadura Constitucional?

 

La Revolución no es socialista

 

El panorama político en Venezuela es realmente complejo, es dudoso que el gobierno pueda hacer lo que pretende, sea lo que sea, sin el apoyo popular; no obstante, algo que ha caracterizado al pueblo venezolano estos últimos años ha sido la sumisión, sumisión típica de las masas donde han imperado los regímenes y las prácticas socialistas, pero ¿sumisión hasta cuándo? Si el gobierno sigue con su proceder y la oposición no le pone un alto, las probabilidades de que en Venezuela surja, no unas protestas, sino más bien una Revolución, una de verdad, siguen en aumento.

Autor entrada: Jose M. Vieira

Jose M. Vieira
"Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír".