La movilidad social: La realidad inobservada de los gobiernos en Colombia

(Imagen tomada de Emeza https://goo.gl/rQfsSe03)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

A pesar de que los distintos gobiernos que han pasado por la Casa de Nariño han planteado estrategias para reducir la brecha de desigualdad y pobreza en el país, en la fórmula poco se ha tenido -sólo hasta este último Plan Nacional de Desarrollo (PND)- en cuenta la movilidad social, elemento indispensable para ofrecer una igualdad de oportunidades.

 

Cada vez que se habla de un plan de gobierno a nivel nacional para reducir la pobreza, nos topamos con dos características: buscar soluciones inmediatas y responder a una situación en especial. Familias en Acción, Agro Ingreso Seguro y más recientemente, Ser Pilo Paga, son casos claros. Si a ello le sumamos el cáncer de la corrupción en las instituciones públicas y ahora, en las privadas, resulta difícil encontrar una mejora en la reducción de la desigualdad.

 

La clave para superarla está en la movilidad social. Ella se entiende como los cambios de posición socioeconómica de una sociedad determinada. Una de las categorías más trabajadas en este tema es lamovilidad social intergeneracional, que en resumidas cuentas es la posibilidad de ver si nuestros hijos tendrán una mejora en su posición socioeconómica con respecto a nosotros. Realizar un análisis de este tipo implica factores como educación, salud, empleo, seguridad, entre otros. Esta temática debería ser de primer orden en un país como Colombia que, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), presenta una de las peores distribuciones por ingreso (superado, en Latinoamérica, únicamente por Honduras y Bolivia).

 

Los últimos gobiernos se han caracterizado por construir políticas públicas para reducir la desigualdad en torno a problemas inmediatos; carecen de proyección alguna. Si hacemos una revisión de la literatura nacional alrededor de la movilidad social, se hace especial énfasis en los niveles educativos y el replanteamiento de la economía nacional. Curiosamente, en estos análisis son muy pocos los documentos que se trabajan con primera infancia y adolescencia; no hay proyección para plantear nuevas oportunidades, sino que toca trabajar sobre lo que ya está mal estructurado.

 

 

Como ejemplo me centraré en el tema de la educación. En materia educativa, se ha planteado recurrentemente que dar más apoyo a las Instituciones de Educación Superior (IES) Técnicas y subsidiar las carreras profesionales, da más oportunidades. Lastimosamente, en varios de los análisis únicamente se busca una maximización de los programas en términos de cobertura, pero no en que su implementación sea efectiva ni que se traduzca  en una igualdad de oportunidades. Esto no sólo afecta a la formulación de planes institucionales, sino que también afecta sensiblemente al sector privado, en donde la práctica de ofrecer mayor cantidad de programas con calidad en detrimento es evidente.

 

Uno se vería tentado a afirmar que donde existe menor número de años en formación educativa , existe menor número de oportunidades, pero los resultados de movilidad social sólo demuestran que no es así; además de evidenciar que en áreas no urbanas se da una mayor movilidad social intergeneracional. En resumen, plantear mayor movilidad exige particularidades específicas, como el desempeño escolar, la estabilidad familiar, el desplazamiento y los modelos pedagógicos. A pesar de contar con herramientas muy útiles para determinar el nivel socioeconómico de los beneficiarios, poco se ha trabajado en aumentar la productividad de quienes tienen la oportunidad de recibir oportunidades, no sólo en calidad de vida, sino, de manera cíclica, en su futuro ámbito laboral.

 

Para finalizar, si queremos una mejora en las oportunidades del sector público y privado, se necesita hacer énfasis en las áreas con mayor productividad, más allá del modelo económico, las particularidades de una región o los costos de programas públicos o proyectos privados. Una igualdad de oportunidades no se refleja únicamente en los mismos incentivos económicos o servicios disponibles para los individuos, sino ampliar las libertades con el fin de que se desarrollen las habilidades en las que potencialmente se pueda generar retribución económica, cultural y social. Esto es abrir el mundo a los hijos de quiénes no tuvieron la oportunidad.

Autor entrada: Ricardo Ruiz

Ricardo Ruiz
Ricardo Ruiz es estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia. ExRepresentante Estudiantil de la Facultad de Derecho. Coordinador del grupo de investigación OECD Research.