Estado y corrupción

(Imagen tomada de 800Noticias https://goo.gl/iniIU9)

 

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A medida que se le transfiere poder al Estado se le quita poder a los ciudadanos; se le da a entender a los segundos que hay un grupo más capacitado que ellos para gestionar su vida. Entregarle dinero a un tercero o dejar que este legisle su vida, sin importar la intención y/o la fe depositada, es un posible delito; por las cantidades estrepitosas de dinero que se manejan –robo- y por la capacidad legislativa que tienen sobre sus vidas –soborno- Odebrecht y cada caso de corrupción que ocurre en los países latinoamericanos, no son culpa de los políticos, sino de los ciudadanos que les delegan a los primeros sus responsabilidades. Pero, sin importar el poder excesivo que se le ha dado a un grupo privilegiado de políticos, hay ciudadanos que creen que la corrupción también debe ser evitada por el Estado, dándole más poder sobre sus vidas, creando más instituciones estatales; ¿el perro persiguiendo su cola?

 

 

Hubo dos formas de evitar los escándalos de Odebrechet, que también sirven para evitar futuros casos de corrupción:

  1. La primera, reduciendo el poder de los políticos sobre la vida de los ciudadanos, evitando que estos legislen y gestionen cada actividad que se realice en un determinado territorio. Disminuyendo el poder que ostenta cada institución estatal y por qué no acabándolas, disminuyendo así la capacidad de robo de los políticos que las componen. Devolviendo a la vez el Estado a sus funciones básicas, seguridad y justicia; seguridad, delegando al Estado solamente la defensa de la vida y la propiedad privada; y justicia, por si quebrantan alguna de estas dos. Recuperando, de a poco, ciudadano por ciudadano, la gestión de las labores de las que se debe encargar -infraestructura, educación, salud, etc.-, señalando prioridades y solucionándolas mediante su propio dinero. Evitando escándalos, que únicamente son generados por la presencia excesiva del Estado en cada aspecto de la vida de los ciudadanos. Entre menos poder, menos ladrones buscarán ser políticos o menos políticos se volverán ladrones.
  2. La segunda, no pidiendo que el perro –el Estado- persiga su cola, exigiendo que hayan más instituciones estatales, ahora especializadas en corrupción –gestionadas por los mismos políticos que roban o reciben sobornos-, sino creando organismos ciudadanos, encargados de vigilar la eficiencia de la gestión estatal, de forma totalmente descentralizada –ciudad por ciudad- para generar mayor eficiencia. Acabando también el centralismo, porque no puede haber un eje central que vigile el dinero de todos. Cada ciudadano, en su territorio, debe vigilar la buena gestión del dinero que entregue a un tercero, en este caso a un político.

 

Falta únicamente voluntad para acabar con la corrupción, reduciendo el poder del Estado o vigilando la buena gestión del dinero público.

Autor entrada: Martín Sánchez

Martín Sánchez
Martín Sánchez es estudiante de Ingeniería Química en la Universidad Nacional de Colombia. Director Nacional de Juventudes del Movimiento Libertario. Coordinador local de Students For Liberty. Columnista en PanAm Post. Old Whig. @MartinSanchezD