La advertencia venezolana

(Imagen tomada de El Heraldo https://goo.gl/8MTNz6)

 

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Pocas veces en la historia reciente ha acontecido un hecho tan notorio como la deslegitimación del órgano legislativo en una democracia occidental. Y aún más preocupante, la pasividad cómplice de la Cancillería colombiana frente al asunto. Históricamente, Colombia siempre se ha mostrado débil ante Venezuela -la imposición en el poder, por parte de Bolívar, del general Urdaneta es un ejemplo de esto- No obstante, nunca en la historia, los venezolanos han demandado tanto apoyo por parte de la comunidad internacional, para que se rechace el régimen tiránico chavista.

 

Y la respuesta del gobierno colombiano es lamentable pero lógica. ¿Por qué el gobierno de Santos no rechaza la dictadura chavista y respalda la Carta democrática de la OEA? Porque este gobierno ya ha venido socavando la institucionalidad nacional y le resultaría ilógico condenar la conducta de su par chavista. Por ejemplo, en Colombia ya ha habido un dudoso y controversial fallo del Consejo de Estado, cuya medida cautelar fue la de apresurar al Congreso para dar trámite a lo acordado en La Habana, la inobservancia de los tiempos constitucionales para el trámite legislativo a través del Fast Track -método afanoso para implementar lo que fue rechazado en el plebiscito del 2 de octubre- Y la joya de la corona de este gobierno, ya nombrada: desconocer los resultados del plebiscito del pasado mes de octubre.

 

Por todo esto, le resultaría ilógico al gobierno, reaccionar de manera distinta, ante semejante actos que condenan de una vez por todas, la poca institucionalidad que conservaba Venezuela. La posición cómoda de la Cancillería colombiana resulta complaciente al régimen, mientras en el interregno de los abusos chavistas, tropas venezolanas entran en territorio soberano colombiano.

 

 

Las numerosas reformas constitucionales, la inseguridad jurídica que producirá la Jurisdicción Especial para La Paz, los problemas en las restituciones y adjudicaciones de tierras con la Ley de Víctimas, la reforma tributaria y la corrupción galopante se ciñen a la zozobra propia de nuestra realidad nacional.

 

Lo que pasa en Venezuela es una advertencia. Cuando se pasan las instituciones por la faja y se acalla la democracia con el auspicio de tribunales todopoderosos, la tiranía es inminente.

Autor entrada: Juan Antonio Pretelt

Juan Antonio Pretelt
Juan Antonio Pretelt es estudiante de Jurisprudencia en la Universidad del Rosario. Liberal Clásico.