Libertad, consciencia y libre albedrío

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En Occidente se presentan formas de concebir la realidad, mediadas por el lenguaje, bajo las cuales el ser humano posee atributos de los que el resto de animales carecen. Estas atribuciones han significado, en la práctica, una forma de relacionarse con el mundo al consolidar una ontología digna de objetivar.

 

Entre estos supuestos se encuentra un pilar clave en la concepción que separa al humano del resto de animales: la libertad, la consciencia y el libre albedrío. La RAE define la libertad como la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos, el libre albedrío como la potestad de obrar por reflexión y elección y la conciencia como el conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios. Estas concepciones han sido contempladas desde varias ramas de la filosofía. Algunas de estas ramas convergen en la idea del libertarismo, llamado también voluntarismo, por ser una filosofía separada de la teoría económica y política del libertarismo. Esta doctrina es defendida por autores como Peter van Inwagen, Robert Kane, Timothy O’Connor y Laura Ekstrom; quienes proponen la existencia del libre albedrio en el ser humano, al sugerir que las acciones son efectos sin una causa que los determine, por tanto, estos pueden ser azarosos y hacen parte de una serie de posibilidades que el sujeto pudo haber tomado. En contraposición a esta postura existe el determinismo, una doctrina filosófica que plantea que los efectos son determinados por causas; es decir, que el comportamiento humano es producto de una red causal que da como resultado una sola posibilidad de efecto. Esta doctrina contiene posturas emergentes que coinciden y discrepan en ciertos puntos. Los deterministas critican las concepciones individualistas del libre albedrío, argumentando que las acciones de los sujetos están enmarcadas en función de las condiciones sociales y biológicas que les atraviesan, negando la conducta azarosa, al proponer que todo comportamiento tiene un sentido objetivo y que la subjetividad entendida en su conjunto causal es objetiva. Por tanto, tilda el libertarismo o voluntarismo de dualista por considerar que la historia causal de la persona no tiene una completa incidencia en él, sino que su comportamiento se puede dar en función de elementos de una fuerza externa. El determinismo propone entonces que el comportamiento de los humanos no está diferenciado del de los animales por la condición del libre albedrio. Mientras, el voluntarismo atribuye esta condición exclusiva al humano, elevándolo por encima de las de más criaturas.

 

 

Las propuestas de los deterministas tienen connotaciones políticas. Esto ocurre debido a que, al proponer una forma diferente de entender el comportamiento, sugieren nuevos conceptos que suplantarían los anteriores, causando una alteración en el lenguaje y, al este ser de carácter político por mediar la relación del humano con el mundo, altera relaciones de poder existentes en aspectos económicos, sociales e incluso ontológicos. Para ilustrar algunas de estas propuestas hay dos conceptos que suplantan, desde la postura de Marx y Spinoza, la conciencia y la libertad respectivamente. Marx plantea que la consciencia es producida por los medios materiales de existencia, es decir, que los esquemas mentales son producto de la relación que el sujeto ha tenido con el mundo. En su teoría, son los medios materiales de existencia los determinantes del comportamiento en el ser humano. Los medios materiales de existencia se repiten en diferentes sujetos de acuerdo a la economía política, esto es, a la clase social. Por tanto, la consciencia de sí mismo es suplantada por la consciencia de clase, que responde más bien a la objetivación de los medios materiales que, a través de la historia, han determinado la posición en la que cada sujeto se encuentra. La consciencia de clase es entonces el saberse dentro de unas relaciones sociales de diferentes índoles que supera el individualismo y propone la determinación del ser humano desde una postura materialista. Spinoza, también determinista, contempla el concepto de libertad y propone su existencia desde una postura distinta. Al no creer en el libre albedrio y considerar que el cosmos se rige por reglas determinadas de las cuales no se puede escapar, Spinoza propone que la libertad no es un asunto de la voluntad sino del entendimiento. Es decir, que la libertad es aquel estado que se da al entender que todo está determinado. Esto se traduce en religión, a la fe o el plan perfecto, por lo que el concepto de libertad es suplantado por el de amor intelectual a Dios: el entendimiento del todo determinado.

 

Lo que sugieren estas alteraciones en el lenguaje es un cambio en la sociedad. Una sociedad donde se tenga consciencia de clase, capaz de tomar decisiones políticas más justas -sin sugerir que la consciencia de clase lleve al comunismo, lo cual resulta una lectura muy pobre de Marx. Una sociedad en la que se deja de culpar a las personas por sus actos, más bien culpando a las condiciones causales que determinaron su comportamiento; y desde la estructura de la sociedad, interviniendo en las relaciones de poder que determinan dichos comportamientos, y no en el simple castigo de los sujetos.

 

Es ver el sistema estadounidense, cuyo producto es el sistema carcelario más grande del planeta. No por causa de la voluntad de las personas, sino como un desequilibrio en las condiciones materiales de existencia que condicionaron el comportamiento de las personas.

Autor entrada: Nicolás Pava

Nicolás Pava
Nicolás Pava es Antropólogo en formación de la Pontifica Universidad Javeriana, con conocimientos en psicología y comunicación social. Interesado en debates filosóficos que permeen la realidad política y social, como la inteligencia artificial, la muerte y el tiempo. Hijo de la radio joven en Colombia, ejerciendo como programador, locutor y DiscJockey en Online Radio (Superestación).