Shakespeare, el Che Guevara y Hugo Chávez

(Imagen tomada de Cabecaturas https://goo.gl/ms664i)

 

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Uno de los personajes más tristes de la literatura shakesperiana es Ofelia, la enamorada de Hamlet, que presa de la melancolía y el desamor muere ahogada en un frío arroyo danés. Existe la discusión literaria si la doncella se suicidó o fue un trágico accidente, ya que en la obra del cisne de Avon hay dos versiones narradas del evento. Este dilema entre la vida y la muerte, el momento dramático donde el personaje de ficción juega su última carta frente a la desesperación, es un recurso literario muy valioso para enaltecer la tragedia del héroe.

 

Saliéndonos del mundo literario y nombrando dos personajes de carne y hueso, Ernesto el Ché Guevara y Hugo Chávez, que suelen ser engrandecidos por la izquierda Latinoamericana a niveles mitológicos cercanos al Olimpo, a la hora de enfrentar sus respectivas muertes, hacen recordar esa frase de Marx en la que dice que la historia se repite primero como tragedia y después como comedia.

 

El primero, apresado en su aventura revolucionaria en Bolivia, intenta persuadir a sus captores declarándoles que vale más vivo que muerto. Herido en una rodilla, desoyendo su divisa de patria o muerte, no elige el suicidio heroico. Quizás, con la esperanza de un juicio mediático de alcance internacional -que impulsara más su figura, como el que se llevaba a cabo en esos días  contra sus compañeros de luchas Regis Debray y Ciro Bustos-, no opone mucha oposición a sus verdugos. Fuera de toda coherencia con la ideología de morir luchando, que profesó y cautivó a miles de jóvenes, el Ché muere tristemente fusilado en una mísera escuela de La Higuera y según la UPI sus últimas palabras fueron: Soy el Ché Guevara y he fracasado. Sin duda, un destino trágico. Pero en lo personal, creo que este evento cruzó la delgada línea que separa el heroísmo de la irracionalidad.

 

 

Hugo Chávez supo hacer de su enfermedad y deceso una completa comedia de horrores que  sus compatriotas aún están padeciendo. Todo sobre su enfermedad era, como decía Wiston Churchill sobre la Unión Soviética, una adivinanza envuelta en un misterio dentro de un enigma, pero se debe reconocer la coherencia  ideológica, al poner su salud en manos de la medicina Cubana. Ya es un lugar común en América Latina hablar de la altísima calidad de los servicios médicos made in revolución castrista y como buen concepto propagandístico jamás se cuestiona.  Una verdad de a puño es que entre los 30 mejores institutos oncológicos del mundo no existe ni siquiera uno latinoamericano. La clasificación de estos centros médicos no se hace por cuestiones ideológicas o nacionalistas, sino por el número de investigaciones hechas, nuevas tecnologías aplicadas, tratamientos exitosos y calidad del personal médico. Que el  coronel venezolano, con millones de petrodólares a su disposición para el tratamiento de un cáncer agresivo, haya preferido apostar más por un cliché izquierdista que por un hecho verídico, es todo un monumento a la buena fe revolucionaria; otros dirán que a la torpeza.

 

Muertes falsamente heroicas, suicidios oncológicos por ideología bolivariana, mártires revolucionarios, cáncer inducidos y  pajaritos del más allá, todo esto hace parte de nuestro paisaje histórico construidos por esa izquierda lela y obtusa que puebla las aulas de nuestro subdesarrollo. Nos queda solo la literatura para consolarnos. Al menos, Ofelia murió por amor.

Autor entrada: Andrés Ossa

Andrés Ossa
Andrés Ossa ha tenido un vínculo muy cercano con la industria de los libros desde su niñez, es el actual gerente de negocios digitales de Grupo Planeta para el área Andina y fue director de marketing por más de 8 años de Grupo Planeta Colombia. Ha cursado estudios de sociología, comunicación, marketing, gamification y gerencia. Se ha destacado por desarrollar proyectos en transmedia, e innovar, al buscar valores agregados en todos los elementos de participación en la producción de historias.